Mito de Eris y la Manzana de la Discordia

Los “no invitados” suelen ser aquellos estudiantes como silencioso que nunca participa, el que viene de un contexto muy diferente, el que tiene dificultades de aprendizaje o simplemente aquel al que no logramos conectar. Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que los estamos excluyendo.  La discordia rara vez llega solo de fuera, casi siempre es una tensión que ya existía dentro del grupo, solo que estaba dormida. Eris no creó el conflicto, solo lo detonó. Lo mismo pasa en el aula: la manzana de oro puede ser una nota, una comparación, un comentario o una competencia mal manejada que saca a la luz rivalidades, celos o frustraciones acumuladas. Transformar esa manzana de oro en un acuerdo compartido exige reconocer primero la exclusión, hacer visible a los “no invitados” y convertir la competencia en colaboración. Podemos lograrlo creando espacios donde todos se sientan parte con reglas claras de respeto, actividades que valoren las diferencias y, sobre todo, transformando la discordia en una oportunidad para dialogar y construir juntos algo mejor.

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