Mito de Paris
Como docentes, enfrentamos sobornos sutiles pero reales al evaluar un conflicto: el cariño o rechazo hacia un estudiante, la presión de los padres, el miedo a confrontar a un alumno “difícil”, las expectativas de la directiva o incluso la comodidad de resolver rápido sin profundizar.
Construir objetividad en medio de las pasiones exige disciplina: escuchar a todas las partes con atención, basarnos en hechos y criterios claros previamente establecidos, y ser conscientes de nuestras propias emociones para no dejar que nos dominen, también de ser cocientes de que la realidad de cada uno esta sesgada, no es verídica ni correcta, hay que conocer todas las versiones, o re hablar el conflicto que se intenta gestionar. Finalmente, no podemos olvidar a “los que no fueron elegidos”: en toda negociación siempre hay alguien que se siente perdedor o ignorado. Si no atendemos sus emociones y no buscamos restituir el equilibrio, generamos resentimiento, nuevos conflictos y la sensación de injusticia, lo que termina multiplicando el problema en lugar de resolverlo. El mito nos advierte que un buen docente-mediador debe resistir los sobornos y buscar soluciones que respeten la dignidad de todos los involucrados.
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